Ya están aquí las Fiestas de Navidad, esta época del año en que se junta la tradición, la alegría y... los excesos 😒 Combinamos las comidas copiosas con los dulces típicos navideños, con un resultado que prima la estimulación de los sentidos frente a la alimentación.
Una cosa es disfrutar y otra muy distinta normalizar que la alimentación de diciembre se convierta en una sucesión de picos glucémicos, digestiones pesadas y productos formulados con ingredientes muy alejados de lo natural. La pregunta no es si hay que renunciar a la tradición, sino si es posible vivirla de otra manera. Y la respuesta es que sí: pero exige mirar de cerca qué estamos comiendo y qué alternativas existen.
Tres ejemplos ayudan a entenderlo bien: los turrones, los polvorones y mazapanes, y ese protagonista reciente de la Navidad española, el panettone.
En la mayoría de turrones tradicionales —el blando, el duro, los de chocolate o praliné— la combinación de miel industrial y azúcar refinado hace que la mitad del producto proceda directamente de azúcares añadidos. No es excepcional encontrar turrones que superan el 45–55 % de azúcar por cada 100 g, junto a grasas de calidad irregular y harinas o derivados no siempre visibles en el etiquetado.
El contraste con un turrón elaborado únicamente con ingredientes reales es evidente. En un turrón de Bakery ZeroZero, el dulzor proviene de frutas, y el cuerpo lo aportan los frutos secos, lo que provoca una diferencia enorme en materia de calidad nutricional:
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un turrón tradicional suele aportar entre 40 y 50 g de azúcar por 100 g,
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un turrón de Bakery ZeroZero aporta 0 g de azúcar añadido, únicamente azúcares naturalmente presentes en la fruta, en cantidades mucho menores y acompañados de fibra y micronutrientes que modulan su absorción.
Algo parecido ocurre con polvorones y mazapanes. Su sabor y textura se apoyan en un patrón muy concreto: harina refinada, azúcar y manteca, a veces con jarabes de glucosa o grasas de baja calidad. Esto da lugar a un dulce intenso, rápido y muy poco saciante, con cifras que hablan por sí solas:
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un polvorón comercial estándar aporta entre 25 y 35 g de azúcar por 100 g,
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y hasta 30–40 g de grasa, gran parte de ella saturada.
La alternativa no consiste en “hacer un polvorón sin azúcar”, porque sencillamente la estructura del producto depende de ese trinomio harina-azúcar-grasa. En nuestro caso, lo sustituimos por elaboraciones que responden al mismo tipo de deseo —el sabor especiado, cálido, invernal— pero desde otra lógica. El bizcocho de jengibre de Bakery ZeroZero se elabora con fruta, frutos secos, inulina y harinas de calidad, entre otros ingredientes siempre naturales. El resultado cambia de forma significativa el perfil nutricional:
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0 g de azúcar añadido,
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una grasa procedente únicamente de ingredientes reales,
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y una matriz rica en fibra que genera saciedad y energía más estable.
El panettone merece una reflexión aparte. Su popularidad reciente en España ha venido acompañada de una proliferación de versiones industriales que se parecen poco al producto original. La mayor parte contienen azúcar refinado, jarabes, grasas baratas, mejorantes de panificación y frutas confitadas cargadas de glucosa y colorantes.
Es habitual encontrar en un panettone comercial:
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30–40 g de azúcar por 100 g,
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junto con una proporción notable de grasas que no siempre son las declaradas como “mantequilla”.
Frente a ello, el Panzerone de Bakery ZeroZero responde a otra filosofía: sin azúcar, sin edulcorantes, sin aditivos y con ingredientes 100 % naturales. El dulzor procede de ingredientes reales, y la estructura del producto se sostiene sobre técnicas de fermentación largas y harinas de calidad.
Aquí también la comparación es clara:
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un panettone tradicional se sitúa alrededor de 30–40 g de azúcar por 100 g,
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un Panzerone contiene 0 g de azúcar añadido y mantiene un perfil de carbohidratos mucho más equilibrado.
Con todo ello, cabe preguntarse: ¿puede existir una Navidad realmente saludable?
La respuesta no está en prohibir, sino en elegir. Disfrutar de algo dulce forma parte de la celebración; lo que marca la diferencia es la naturaleza del dulzor, la calidad de las harinas, la procedencia de las grasas y la presencia o ausencia de aditivos. Cuando los ingredientes son reales, reconocibles y equilibrados, el cuerpo responde mejor, la glucemia se mantiene más estable y la sensación final es de disfrute, no de agotamiento.
Las Navidades pueden seguir sabiendo a Navidad. Basta con elegir productos que respeten el organismo tanto como respetan la tradición.